martes, 13 de junio de 2017

POEMAS I

16. Se parte el viejecillo blanco y cano.   
Se parte el viejecillo blanco y cano                        
del dulce hogar donde es su edad cumplida,
y de la prole del dolor transida
por ver al caro padre andar lejano;

luego de allí arrastrando el cuerpo anciano
por los días extremos de su vida,
se ayuda del afán que en él anida,
roto de edad y corvo del solano;

y a Roma va, siguiendo su deseo,
por mirar el semblante del que ansioso
allá arriba en el cielo ver espera.

Así, ¡ay de mí!, cuando otra mujer veo,
cuanto es posible, en ella buscar oso
vuestra adorada forma verdadera.    


16. Se parte el joven moreno.
Se parte el joven moreno,
del dulce hogar donde es su edad cumplida,
y de la prole la alegría transida
por ver al caro padre andar cercano.

 luego de allí el joven
por los días intensos de su vida,
se ayuda del afán que en él anida,
la alegría que el respira;

 y a Roma va, siguiendo su deseo,
por mirar el rostro del simpático
allá en el cielo ver esperar.

 Así, cuando una mujer veo,
es posible buscar ansiosa
vuestra forma verdadera.

Versión de Elena Galera Serrano 3ºC

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